Premio Alicia Oliveira para Sara Rus y León Gieco

La Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires celebró una nueva entrega del Premio Alicia Oliveira en homenaje a las personas que dedicaron su vida a la defensa y protección de los derechos humanos. En esta oportunidad Sara Rus, madre de Plaza de Mayo,  y León Gieco recibieron el premio en una emotiva ceremonia.

El evento estuvo acompañado de una muestra de fotos por los 100 años del nacimiento de Eva Duarte de Perón, que se cumplieron el pasado 7 de mayo.

SOBRE EL PREMIO

En 2016, el Defensor del Pueblo porteño Alejandro Amor lanzó en el ámbito del Consejo de Derechos Humanos de la institución el premio ‘Alicia Oliveira’ en honor a la doctora Alicia Beatriz Oliveira, quien en 1998 fue la primera Defensora del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y como reconocimiento a su lucha y sus aportes en la promoción y tutela de los derechos humanos.

SOBRE LA CEREMONIA

Los premios fueron entregados por el defensor del pueblo, Alejandro Amor, y por la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto. Además, estuvieron presentes Taty AlmeidaVera Jarach y Clara Weinstein de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora; Lita Boitano de Familiares; el juez Daniel Rafecas; la doctora Lucila Larrandart; las agrupaciones Conduciendo a Conciencia y el proyecto Mundo Alas, integrado por músicos y músicas discapacitados y creado por Gieco. Se sumaron adhesiones de Nora Cortiñas y el premio nobel de la paz, Adolfo Pérez Esquivel.

Silvina Pennella, secretaria general del Consejo de Derechos Humanos de la defensoría, detalló aspectos de las biografías de los homenajeados. “Sara es una doble sobreviviente, sobrevivió al genocidio nazi de la Segunda Guerra Mundial y también le tocó vivir en carne propia el genocidio que llevó a cabo el golpe cívico militar en Argentina”, subrayó. La primera historia de Rus comenzó en Polonia, cuando siendo una niña de 12 años tuvo que enfrentarse al horror de la guerra. Vivió tres años en el Gueto de Lodz, donde vio morir a sus dos hermanos. También estuvo en los campos de concentración de Auschwitz y Mauthausen. Allí perdió a su padre. 

“Lo único bueno que le pasó en ese tiempo, dice, fue haber conocido y haberse enamorado de Bernardo Rus, su esposo y padre de sus hijos”, detalló Pennella. Luego de casarse la pareja vino a Argentina, pero llegaron hasta Formosa y ya no pudieron continuar el viaje. “Bernardo había escuchado hablar de Evita, entonces decidió escribirle una carta para pedirle ayuda. Evita no solo le contestó sino que también les facilitó el viaje a Buenos Aires, donde Sara pudo instalarse junto a su madre y esposo para comenzar una nueva vida”, siguió el relato. En 1950 nació Daniel, su hijo, y cinco años más tarde Natalia. “Parecía que la página del horror había comenzado a darse vuelta. Pero no fue así, el 15 de julio de 1977 su hijo Daniel, que tenía 27 años, fue secuestrado por una patota de la dictadura a la salida de la Comisión Nacional de Energía Atómica, donde trabajaba”, repasó. Allí Sara se unió a Madres de Plaza de Mayo y “comenzó a luchar por la verdad, la justicia y por no olvidar. Asumió siempre la memoria como un imperativo”.

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