9 de julio de 1816

El 9 de julio de 1816 se firma el acta de la independencia de Argentina, un documento que firman los representantes de la Provincias Unidas en el Congreso General reunido en San Miguel de Tucumán. Era un proceso que había comenzado varios años antes pero con este acta se sella el compromiso entre los Representantes de las Provincias Unidas en Sud América de vivir como una Nación libre y se declaran independientes de los reyes de España, su metrópoli y de toda dominación extranjera.

Tras seis años de avances y retrocesos, desde el cabildo abierto de 1810, la Primera Junta, después de mucha lucha y sangre derramada, de fuertes debates entre decididos e indecisos y muchos cambios en el panorama internacional, se había declarado la independencia. Se había abandonado el ridículo, como decía San Martín, de tener bandera, moneda, himno y guerrear contra España, pero seguir, de hecho, reconociéndose dependientes.

Aquel histórico Congreso no fue, sin embargo, la culminación pacífica de un proceso de unión y concordia entre los pueblos allí representados. Los representantes de aquel congreso debían enfrentar una amenaza todavía mayor que la sombra de la monarquía: la desunión, la discordia, la anarquía y las rivalidades, que desde hacía seis años se dirimían a golpes de mando, encarcelamientos, exilios y campañas militares.

De hecho, vastas regiones del ex virreinato no estaban representadas en el Congreso: Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y la Banda Oriental decidieron no enviar representantes. Tampoco asistirían diputados de Paraguay y del Alto Perú, con excepción de Chichas o Potosí, Charcas (Chuquisaca o La Plata) y Mizque o Cochabamba.

El congreso se reunió en una casa colonial de fines del siglo XVIII, ubicada en Calle del Rey N° 151 de la ciudad de San Miguel de Tucumán.

La elección de la ciudad de Tucumán, como sede del Congreso, estuvo vinculada a su ubicación en el centro geográfico del antiguo Virreinato del Río de la Plata. También tuvo mucho peso, el hecho generalizado entre las provincias, de rechazar la idea de realizar el congreso en Buenos Aires.

La casa donde celebró el Congreso, pertenecía a Francisca Bazán de Laguna. La propietaria, no solo cedió su casa para la realización del congreso, sino, que permitió que se realizaran reformas. Se removieron paredes para conseguir un salón de 5 metros por 15, en donde se llevaron a cabo las sesiones. Los muebles utilizados provenían, en carácter de préstamo, de la gobernación de Aráoz y de los conventos de Santo Domingo y San Francisco.

Debido a su deterioro, en 1904 se decidió demoler el edificio en su totalidad, dejando en pie solamente el Salón de la Jura protegido por un gran templete al que se accedía atravesando un gran patio, coronado por los relieves en bronce de Lola Mora.  

En 1941, la Casa fue declarada Monumento Histórico Nacional y comenzó a recuperar sus aspecto original, aquel desde el cual el 9 de julio de 1816 donde veintinueve representantes de las Provincias Unidas en Sud América reunidos en Tucumán  declararon la independencia.

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